jueves 1 de enero de 2009
LA VERDADERA HISTORIA
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La verdadera historia no es la que registran los hombres, sino la que registra el Cielo. No obstante, el significado celestial de la historia depende de lo acontecido en la tierra. Por eso está escrito de la apoteosis del Cordero lo siguiente: “Digno eres de tomar el Libro y de abrir sus 7 Sellos, porque Tú fuiste inmolado, y con Tu sangre los redimiste para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y los hiciste para nuestro Dios Reino y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra” (Ap.5:9b-10).
Porque fue inmolado en la tierra, entonces es digno en los Cielos de tomar el Libro y abrir sus Sellos. Con la sangre derramada en la tierra, el Cordero hizo para Dios en el Cielo, con gente de toda la tierra, Reino y sacerdotes. Sin esa sangre no hubieran sido hechos tales, sino que se hubieran hundido y desecho en sus pecados. Pero el Cordero, por Su sangre, los hizo Reino y sacerdotes para Dios el Padre; para que vivan en la tierra como se vive en el Cielo, y expresen el Cielo en la tierra.
La historia del Reino de los Cielos, que se escribe en ellos, se gesta, no obstante, en la tierra. Podríamos decir, en otro sentido, que aunque su registro auténtico está en los Cielos, no obstante, se escribe también en la tierra. ¡Cuán importante es este pequeño paso por la tierra! Aquí se juega la eternidad.
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Gino Iafrancesco V., 28-VII-2008, Bogotá D.C., Colombia.
jueves 11 de diciembre de 2008
BREVE INTRODUCCIÓN AL DISCERNIMIENTTO DEL CONFLICTO DE PARADIGMAS (1)
DEL CONFLICTO DE PARADIGMAS
(1)
Después de la caída del hombre, cuya realidad está muy bien documentada en nuestra propia condición humana, aparte de las declaraciones infalibles de la Palabra de Dios, Yahveh Elohim se dirigió a la serpiente antigua, Satanás, con palabras muy solemnes. El enemigo realmente hizo muchísimo daño sometiendo al poder del pecado y de la muerte a la naturaleza humana, dejándonos destituídos de la vida y gloria divinas. Pero ese grande y terrible desafío a Dios y a Su propósito, ya era de antemano conocido por el único Señor, el cual lo permitió para hacer notorias Sus grandezas y Poder. Entonces, cometida ya la profanación, dijo Yahveh Elohim a la serpiente: "Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Sefer Toledot Adam, Gn.3:14, 15).
A partir de entonces la serpiente se arrastra alimentándose del polvo de la tierra de que fue hecho el hombre; necesita del poder latente del alma del hombre para cabalgar. Los demonios necesitan de los cuerpos hechos del polvo, así sean cerdos, para canalizarse y hallar reposo. Los demonios se alimentan de la mesa de los demonios aderezada por los hombres; por lo cual se reúnen como moscas alrededor de los sacrificios idolátricos. La serpiente engañó a la frágil mujer; pero ahora, la frágil mujer, según la promesa proto-evangélica de Yahveh Elohim, concibió una Simiente, La Simiente de la Mujer, el Hijo de la Vírgen, Emanuel, que aplastó la cabeza de la serpiente, aunque fue herido en el calcañar; es decir, mientras quebrantaba la cabeza de la serpiente en la cruz. Entonces, también, la enemistad que atravesaría la historia, entre la serpiente y la mujer, y sus respectivas simientes, comenzó. Caín, molesto por la insuficiencia de su justicia propia, se ensañó contra el heredero de la gracia, y lo mató. Caín también hubiera podido ser heredero de la gracia divina, si también se cubriese, como Abel, con la sangre del Cordero; pero prefirió escoger la senda errante de los que se alejan por sí mismos de la presencia de Yahveh Elohim, y pretenden vivir en base a sí mismos, sin alimentarse del fruto del árbol de la vida divina, disponible tras la reconciliación de la expiación, prefigurada en las ofrendas de Abel.
La enemistad, puesta por Yahveh Elohim entre las dos líneas y simientes, no ha dejado de circular por las páginas de la historia, sobre todo en lo que atañe al paradigma de la familia de los fieles a Dios, enfrentado al paradigma polifacético de los que, como hijos del diablo, sus deseos de desplazar y remplazar a Dios por sí mismos, quieren cumplir. En el meollo de la explicación de los distintos conflictos históricos, se encuentran estos dos paradigmas enfrentados: el divino y el de la serpiente. Escudriñados los motivos humanos tras sus mitologías, religiones, filosofías, teorías, políticas y culturas, etc., se descubre mimetizado en el fondo, uno u otro paradigma. Acerca, pues, de esa enemistad puesta por Dios, de esa guerra necesaria e ineludible, hay mucho que decir, y mucha tela que cortar. El trasfondo profundo de esa enemistad, se traslada a los distintos campos del saber y del vivir humano. Y no debemos ser ingenuos, pues la guerra ya nos rodea, y entre nosotros ya se encuentra milenios ha. Por eso La Simiente de la Mujer, Jesucristo, dijo claramente: "El que no es conmigo, contra mi es; y el que conmigo no recoge, desparrama" (Mt.12:30; Lc.11:23).
Hoy leemos u oímos de filosofías monistas, dualistas, panteístas, deistas, por un lado, o teistas, por otro; de evolucionismo, o de creacionismo; de alta crítica modernista liberal, o conservadora; de medicinas alternativas de trasfondo panteista y dualista, y hasta paranormal, o de procurar una ciencia objetiva e integral; por un lado, de antisobrenaturalismo y naturalismo a ultranza, o sobrenaturalismo, por el otro lado, etc. Todo este maremagnum de tendencias, incluso en las teorías económicas, esconde bajo sus espumas, el conflicto paradigmático de raíz proto-evangélica del que hacemos mención. Incluso también, con muchísima más razón, y por causa de una mayor cercanía al núcleo vital del asunto, las guerras de religión, incluso en su campo meramente cultural, se encuadran perfectamente dentro de este diagnóstico de orígen bíblico. El acatar o no a la Biblia como depositaria de la legítima y divinamente inspirada Palabra de Dios, está dentro del mismísimo meollo de la enemistad prevista. El terreno para todo tipo de hostilidad está perfectamente abonado, y es ingenuo pretender confiar en un contradictorio humanismo globalista meramente pragmático. ¿Pragmatismo en qué dirección?. Los humanistas globalistas pragmáticos, principalmente las élites usufructuarias, se levantan en su propio fundamentalismo draconiano, contra todos los demás fundamentalismos. Pues realmente la guerra es entre fundamentalismos, entre lealtades; y al final de todo, estas últimas lealtades se reducen a dos: para con Yahveh Elohim, o para con la serpiente. Valdría la pena continuar penetrando tras los velos de esta singular contienda.
Gino Iafrancesco V.
Colombia, Bogotá, 2008.
BREVE INTRODUCCIÓN AL DISCERNIMIENTO DEL CONFLICTO DE PARADIGMAS (2)
DEL CONFLICTO DE PARADIGMAS
(2)
Regiones de campo.-
El amplio campo general, donde se pelean las grandes batallas de la fe, según una breve introducción al discernimiento del conflicto de paradigmas, podría subdividirse en varias regiones, de acuerdo al contenido, que podríamos llamar dogmático. Dogma se ha dado en llamar a cada una de las grandes verdades reveladas por Dios, y que se derivan directamente de las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, podríamos reconocer algunas regiones de ese campo general, en el mismo hecho de la Revelación Divina acerca de Dios mismo como Uno y Trino; igualmente en lo relativo a la Encarnación del Verbo de Dios, a la Expiación, a la Resurrección, al Espíritu, a la Justificación por la Fe, a la vida santa, al cuerpo de Cristo, al propósito eterno de Dios y el futuro. También, por otra parte, se reconocerían regiones especiales del campo de batalla, en aquellos respectos que han sido característicos del Judaismo y Cristianismo Bíblicos, tales como los conceptos mismos de revelación, creación y redención, que caracterizan a estas dos grandes religiones complementarias. Pero todos estos ítems fundamentales de la fe revelacional bíblica, que constituyen las columnas del paradigma llamado "de la Simiente de la mujer", en contraposición al llamado "de la serpíente", tienen su mismo nido en el hecho histórico de la existencia de las Sagradas Escrituras: El Antiguo y Nuevo Testamentos. De manera que la Bibliología llega a resultar el campo de batalla medular, la punta de lanza, donde se juega el pulso contra la apostasía y la herejía. Sí, la apostasía ha escogido como uno de sus blancos favoritos, la sacralidad de las Escrituras Judeo-Cristianas. Así como la herejía brota en las regiones de la hermenéutica.
La batalla alrededor de la Revelación Divina.-
Los grandes líderes que ha conocido la humanidad, a quienes los hombres siguen, y que se alínean bajo una u otra bandera paradigmática, desde la más arcaica antigüedad, alinderaron sus posiciones en relación a la Revelación Divina. El hecho, pues, de ésta, hace que los hombres se identifiquen o con el paradigma "de la Simiente de la mujer", o con el paradigma "de la serpiente". El Sefer Toledot Adam nos presenta el significativo relato primigenio del asalto de la serpiente a la inocencia humana. Por eso la Apocalíptica Sacra Neotestamentaria le llama al dragón como el engañador de las naciones. Y el Toledot recién mencionado y otros Rollos Sagrados (como Isaías y Ezequiel) nos desnudan el núcleo de la intención draconiana. Se intenta sustituir a Dios por el sí mismo, para lo cual se le tergiversa a Dios con el propósito específico de hacerle malentendido y desfigurar Su verdadero carácter y el de Sus propósitos. Y esto se realiza con el fin de usurparle la debida adoración. Esa es la raíz de la paganización, la cual está detrás de las teogonías y teurgias mitológicas. Teogonías en cuanto al supuesto orígen de los llamados dioses; y teurgias en cuanto a sus supuestas obras. La llamada Nueva Era de hoy, es apenas la misma vieja era de nuevo. A las teogonías y teurgias siguen las cosmogonías hasta desembocar en los variados evolucionismos actualizados. Tales son las raíces religioso-filosóficas y pseudo-científicas del paradigma draconiano contemporáneo.
Grandes influencias sobre la humanidad.-
Investigadores actuales y anteriores, colocan a Jesús, Mahoma e Isaac Newton, como las mayores influencias sobre la humanidad, seguidos quizá por Marx, Nietzsche, Freud y Darwin. Otros quisieran ver en esa lista privilegiada quizás a Moisés, Pablo y Lutero, a Buda y Zoroastro, Kant y Hegel, Kierkegaard o Heidegger, Einstein y algún otro moderno o posmoderno. Dificilmente todos estarían de acuerdo, por causa precisamente de la escogencia de paradigma en las simpatías de carácter personal. Dios mismo nos ha concedido este breve (en relación con la eternidad) paso por la vida, para que tengamos la ocasión de tomar posición personal, aunque Él soberanamente se reservó, por gracia y por derecho, a los niños y a los abortados, además de "la descendencia de la mujer" del apocalíptico proto-evangelio.
En cuanto a Jesús, el Señor Jesucristo, Su bibliología y Su hermenéutica fueron fideístas; es decir, fieles al contenido de la Revelación Divina en las Sagradas Escrituras. Enseñó que las Escrituras no pueden ser ignoradas, ni abrogadas, ni quebrantadas, sino que los cielos mismos y la tierra pasarían antes que fallase una sola yod o daguesh lane de ellas en cumplirse. Ante toda tentación respondió con el Escrito está. Y aún en Su resurrección histórica se ocupó de enseñar lo que las Escrituras decían. Así que el paradigma genuinamente cristiano es fiel a la mente de Cristo, pues es formada por Él.
Mahoma mismo confesó en el Korán al Señor Jesucristo como Verbo y Mesías ascendido que regresará, pero sin entender lo que eso significa; por eso son hoy los musulmanes, y no la cristiandad, los que guardan, en el Monte de los Olivos, la mezquita que recuerda Su ascención. Mahmud Amanidejad, líder chiita iraní actual, presidente de Irán, confesó recientemente en las Naciones Unidas, el retorno de Jesucristo acompañado del esperado Mahdi chiita.
Newton realmente se preocupó más de profecía que de la gravitación universal. Su libro de Principios Matemáticos de Filosofía Natural, según él mismo confiesa, era apenas para él un hobbie; lo que realmente le trasnochaba era entender a Daniel y al Apocalipsis de la Biblia. Su obra al respecto es sobresaliente y recomnedable especialmente al respecto del desarrollo de los 10 cuernos de la cuarta bestia de Daniel 7.
Marx, en su juventud, escribió acerca de las palabras de Jesús registradas por el Evangelio según Juan 15. Luego apostató y se declaró abiertamente poseedor de la espada del príncipe de las tinieblas, y cuya pasión era destruir el mundo que le estorbaba en su camino al caos y a la destrucción. La poesía de Marx habla más alto que su Capital y sus manifiestos controlados por Engels, el agente de la plutocracia que lo utilizaba.
Nietzsche, en el manicomio, y al final de su vida, con la mayor de sus corduras confiesa a Jesucristo, sin negarle los laureles de la victoria sobre su peor enemigo, según él mismo se decía antes; ahora prefiere deshacer el mito del anticristo para tristeza de sus biografos idólatras.
Freud se desmaya en los brazos del Jung que capitanea el mundo del ocultismo y confesó ver de lejos, en sus experiencias paranormales, a la ciudad celestial, a la cual también confesó no tener acceso.
Darwin confiesa, preocupado en su ancianidad, a Lady Northfield, mientras estudia la Epístola a los Hebreos, que sus escritos evolucionistas eran pensamientos inmaduros de su juventud que habían sido convertidos en religión por los hombres.
Moisés confiesa que el Mesías vendría y era necesario oirle para no ser desarraigados. Pablo vive en Cristo y para Cristo. Lutero, procurando entender a Pablo, se declara también verdaderamente cristiano. Buda, en su antropología atea, busca escapar. Zoroastro aprende de Daniel, jefe suyo en Persia, y su escatología integra en el Yasna, Bundahish y Zend Avesta la esperanza mesiánica de Daniel, que los magos de la estrella de Belén siguen. Kant se doblega moralmente a la crítica de la razón práctica. Hegel se pretende la manifestación divina, cual la serpiente. Kierkegaard prefiere dar el salto de fe en su existencialismo teológico. Heidegger, agnóstico, se vuelve a la poesía, y confunde a Bultman. Einstein dice apenas entender los bordes de los pensamientos de Dios. Pero el Señor Jesucristo dice: "Quien me ha visto a Mi, ha visto al Padre...Nadie viene al Padre sino por Mi. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".
Deberíamos, pues, dedicarle, Dios mediante, un tiempo, por lo menos, a la panorámica de la Biblilogía Histórica en este discernimiento del conflicto de paradigmas, no sin antes ver algo acerca de las consideraciones de teología meramente natural.
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Gino Iafrancesco V.
Cruzeiro do Oeste, Paraná, Brasil.
10 de octubre de 2008.
BREVE INTRODUCCIÓN AL DISCERNIMIENTO DEL CONFLICTO DE PARADIGMAS (3)
DEL CONFLICTO DE PARADIGMAS
(3)
Distinción entre revelación general y revelación especial.-
Como metodológicamente correspondería, antes de adentrarnos un poquito en las consideraciones de bibliología histórica, como campo especial donde se da el conflicto de paradigmas, convendría no pasar por alto la necesaria antesala de lo que ha sido llamado la revelación general y su conexión con la teología natural. Por una parte, desde los albores mismos de la humanidad, ha acompañado al hombre la revelación divina especial (Gn.2:16-18; 3:8-19, 21-24; 4:6-16; 6:13-22; 7:1-5; 8:15-17; 9:1-17).
Ésta última, como testimonio de la intervención actuada y hablada de Dios directa y personalmente para con el primer hombre, y los demás, desde el principio, se distingue del testimonio indirecto, esperando ser deducido y percibido por el hombre, acerca de Dios, a través de las huellas divinas en la naturaleza (Job 12:7-9; Salmo 19:1-4ª; Hchs.14:17; 17:26-29; Rom.1:18 a 2:16). Así, pues, que, por una parte, hay una diferencia cualitativa entre la revelación meramente general a todos los hombres, por medio de las cosas creadas, y la revelación especial como intervención histórica y redentiva, además de directa y canónicamene registrada, en la historia humana, que ahora podríamos llamar sagrada, dirigida también a todos los hombres sin excepción (Ezq.33:11; Mr.16:15, 16; Hchs. 17:30, 31; Col.1.28; 1Tim.2:4; 2ªPd.3:9; 1Jn.2:2).
Distinción entre revelación general y teología natural.-
Por otra parte, también existe, como bien lo señala G. C. Berkouwer juntamente con su bibliografía comentada, especialmente en sus Estudios de Dogmática, una distinción ontológica y epistemológica entre revelación general y teología natural. Revelación general se refiere al hecho divino de la intención cumplida de Dios de revelarse, aunque solo sea parcialmente, aunque también verdaderamente, por medio de sus obras creadas. En cambio, teología natural se refiere al percibir humano de esa revelación general. La falta, en el barthianismo, de esa distinción ontológica y epistemológica necesaria, hicieron que el moderno asalto de Karl Barth a la teología natural, resultase neutralizado. Ni siquiera Calvino, al que pretendía en parte regresar Barth, tuvo tal confusión epistemológica, de confundir los planos de la oscura percepción humana y el hecho divino y objetivo de la revelación. La ceguera del hombre caído no disminuye la realidad objetiva del actuar divino; y por lo contrario, conmueve a Dios para un actuar mayor. Por eso aparece la escala ascendente desde la revelación general hacia la especial, y a su vez, de éstas hacia la iluminación progresiva, no tan solo en el plano de la gracia soberana, sino también en el plano del carácter divino que soberanamente decidió tener en cuenta trascendentalmente la responsabilidad humana, capacitada ahora por la divina gracia común. El Dios soberano, como Novio que espera el sí de la Novia, escogió, por dignidad, la colaboración humana, y no desiste de ella, ni siquiera después de la caída del hombre. Por eso la gracia divina capacita de nuevo universalmente para la responsabilidad, pero no la sustituye (A Tito 2:1). Por eso mismo también, por causa de la responsabilidad capacitada por la gracia común, y que recibe (Jn.1:12) o afrenta la gracia divina (Hchs.7:51; Heb.10:29), existe igualmente el justo juicio divino. Fue, pues, la misma soberanía divina la que constituyó en trascendental a la responsabilidad humana (Mt.16:24; 19:211; 20:27; 21:28-32; 23:37; Mr.8:34 35; 9:35; 10:43, 44; 14:7; Lc.13:34; Jn.7:17; Dt.20:19; Ap.22:17), aunque ésta última, con toda su sola fuerza, no sea capaz de salvar al hombre (Jn.6:65; 15:5c; Rom.8:8, 7; 9:16) . La redención en Cristo, recibidos (Cristo y redención) por fe, y fe dada universalmente a todos con el testimonio y la resurrección históricos y objetivos de Jesucristo (Hchs. 17:31), es la única fuente de salvación, pues no hay lugar para la jactancia humana, como enseña el apóstol Pablo (Rom.3:27), en el don de la fe que viene por el oir el testimonio de Dios (Rom.10:17).
Legitimidad de la revelación general reconocida divinamente.-
Es la misma revelación divina especial, canónicamente registrada en las Sagradas Escrituras bíblicas, la que nos señala el lugar legítimo de la revelación divina general a través de la naturaleza. No podemos pasar por alto las declaraciones de Jesús, de Pablo, de los salmistas y escritores sapienciales, etc., divinamente inspirados, que nos hablan de la intención divina de dejar Sus huellas mimetizadas en todas Sus obras. La firma de Dios está allí para ser primeramente sospechada, entonces buscada, entonces encontrada y escudriñada, a manera de clave gravitatoria que nos atrae hacia Él mismo. Este campo es, pues, también, una antesala que deja al hombre sin excusa. Si bien, también debemos tener en cuenta el hecho de que el hombre caído no conoció suficientemente a Dios por su sabiduría meramente humana (1Cor.1:21). Ésto, por culpa del hombre mismo; no por carencia de revelación objetiva. Como dice el dicho popular: “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. Así que los ataques de la llamada “ilustración” a los tradicionales argumentos teológicos, se descubren como meras falacias escapatorias y culpables, que apenas muestran la deslealtad humana a Dios.
Analogía del amor y la luz.-
Como dijo Jesucristo: “Sin causa me aborrecieron” (Jn.15:25b). Y también dijo: “Esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Jn.3:19-21).
No es de extrañar, en este contexto, entonces, el por qué del conflicto de paradigmas. La hostilidad, sin causa, injusta y perversa, contra Dios, se convierte en hostilidad contra Jesús y los Suyos. “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mi me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.../...Si fuérais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece a mi, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mi y a mi Padre...” (Jn.7:7; 15:19-24).
En el fondo, es una cuestión de amor. Cuando Judas Tadeo Lebeo, hermano de Jesús, le preguntó: “¿Cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?” (Jn.14:22), Jesús le respondió haciendo diferencia entre aquellos bajo el paradigma de la “Simiente de la Mujer”, Sus discípulos, y aquellos del paradigma “de la serpiente”, los hijos del diablo, cuyos deseos quieren cumplir, de sustituir a Dios por sí mismos, haciéndose a sí mismos dioses. “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del que me envió” (Jn.14:23, 24).
Frente, tanto a la revelación general, como a la especial, ¿por qué hay alinderamientos diferentes? Principalmente por causa del amor o no a Dios. Tal amor o des-amor se encuentra detrás de la formulación de cada paradigma, sea el que sea, tanto en lo genérico, como en lo minucioso. Las justificaciones conceptuales tienen como base este amor, o esta carencia de amor. “Los limpios de corazón verán a Dios” reza la bienaventuranza cristiana. ¿Por qué no oís vosotros mis palabras?, dice el Señor, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas conocen mi voz y me siguen y al extraño no seguirán, porque no conocen la voz de los extraños. En este campo juega un papel importantísimo el conocimiento por el Espíritu; algo que los electores del árbol que mata no conocen. No ven, porque no quieren; para no ser estorbados en sus egolatrías. No importa cuanto disfracen eruditamente su miseria; su erudición no puede esconder las plumas de su des-amor. Un paladar espiritual aguzado puede discernir el espíritu motriz de toda clase de argumentación. Esta epistemología espiritual, fácil a los niños, ha sido desechada por aquellos que por ella son descubiertos y expuestos. Lo demás es cuento, o tragedia.
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Gino Iafrancesco V., 11 de diciembre de 2008, Bogotá D.C., Colombia.
viernes 7 de noviembre de 2008
RETORNO DE ISRAEL (1)
Mesías, Espíritu, Redención, Evangelio.
por: Gino Iafrancesco V.
RETORNO DE ISRAEL
Los misterios de Dios están estrechamente relacionados entre sí, y cada uno de ellos es un capítulo necesario a la totalidad. No debemos olvidar ninguno de ellos, a la vez que no debemos considerar a ninguno de ellos aislado de los demás, ni sobredimensionarlo en detrimento de la armonía del cuadro completo. Claro está que no se puede tratar de todo al mismo tiempo, pero debemos prever que al considerar uno de los capítulos, al mismo tiempo se tengan también en cuenta los demás. La razón de este preámbulo es para que podamos considerar el misterio de Israel dentro del amplio contexto de los misterios de Dios. Éstos comienzan y terminan con Dios mismo: el misterio de Dios a consumarse, el misterio de Dios: Cristo, el misterio de la voluntad divina, el misterio de la economía divina, el misterio de la piedad, el misterio del evangelio, el misterio de la fe, el misterio de Cristo: la Iglesia, el misterio del matrimonio, el misterio de las siete estrellas en la diestra del Hijo del Hombre y de los siete candeleros, el misterio de la sabiduría divina oculta predestinada para la Iglesia, el misterio del reino de Dios, el misterio de Israel, el misterio de las naciones, el misterio de la mujer y de la bestia que la trae, el misterio de Babilonia, el misterio de la iniquidad, el misterio de la final trompeta.
En trabajos anteriores hemos dedicado tiempo a todos estos respectos, especialmente en los libros: “La Administración Apostólica de los Misterios de Dios” y “Los Misterios del Reino de los Cielos en las Parábolas del Señor Jesucristo”, además de consideraciones, exhaustivas o no, de varios de los aspectos fundamentales de la economía divina, y del lugar central de Cristo y la Iglesia en ella, que se pueden ver en los escritos exegéticos, teológicos, antropológicos, cristológicos, pneumatológicos, soteriológicos, eclesiológicos, escatológicos, filosóficos y poéticos de este autor. Por eso, al tratar ahora un poco más acerca del necesariamente contemporáneo misterio de Israel, remito a los lectores a la ambientación complementaria de todo lo que ya antes de esto se ha tratado. No consideraremos este misterio in vacuo ni aisladamente, sino como algo que tiene necesariamente un apropiado lugar en la revelación divina y que no debe ser ignorado. El apóstol Pablo, en su sobresaliente epístola a los romanos, después de tratar de asuntos de primera magnitud acerca del evangelio, y un poco antes de considerar aspectos prácticos de la vida del cuerpo de Cristo, se ocupó del misterio de Israel escribiendo: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos:…” (Rom.11:25a). Si, pues, alguno piensa y siente que puede seguir ignorando esto, permítame decirle que yo personalmente, en conciencia y comisión , no puedo hacerlo. No quiero dejar de anunciar todo el consejo de Dios que me ha sido encomendado.
Así que pasaré inmediatamente, para esta hora coyuntural presente, a considerar el divino tema revelado de la elección de Israel, de su lugar en la estrategia divina, de su endurecimiento parcial en relación a la primera venida del Mesías en aras de la inclusión de los gentiles en el misterio de Cristo, y entonces, principalmente, por causa de la coyuntura presente, pasaremos a considerar de su restauración tras la trasgresión y defección, de su admisión tras la exclusión, y de su reinserción tras el desgajamiento. Ante el contexto complejo y completo del misterio de Israel en todas las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos, no podemos, basados en una interpretación in vacuo de la parábola mesiánica de los labradores malvados, pretender cerrar definitivamente el caso con una teología del reemplazo absoluto de Israel. Ciertamente el Mesías dijo: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mt.21:43); pero, por el contexto íntegro de las Escrituras, y por la sujeción del Mesías a ellas, debemos comprender también el status transitorio de tal declaración, y su objetivo aleccionador para Israel: para despertarlos a celos. Tal despertamiento es el objetivo de la declaración mesiánica, y no su exclusión definitiva de las irrevocables promesas divinas. Tales promesas es necesario considerar atentamente. Todas ellas eran las que el apóstol Pablo tenía presentes al escribir acerca del misterio de Israel a los gentiles en su carta a los romanos.
Escribía allí (Rom.11) Pablo: “Digo, pues…”, (ya que en el capítulo 10 había hablado de la contradicción parcial y temporal de Israel frente al evangelio); “¿Ha desechado Dios a Su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín”. (Es decir, las iglesias de Judea, Samaria y Galilea, y los convertidos cristianos regenerados de entre los judíos por toda la tierra y la historia, demuestran que el endurecimiento de Israel es apenas parcial y temporal). “No ha desechado Dios a Su pueblo, al cual desde antes conoció”. (Y aquí emplea Pablo la misma expresión que usa en relación a la presciencia divina, a Su conocimiento anticipado, para la elección y predestinación de la Iglesia). “¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado 7000 hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra. ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre”. (Tal pasaje proviene de un Salmo mesiánico, donde se profetiza que pondrían hiel por Su comida y que en Su sed le darían a beber vinagre, como aconteció con Jesucristo, Hijo de David. El Salmo 69:23b decía: “Y haz temblar continuamente sus lomos”; lo que Reina y Valera (1960) en Rom.11:10b traducen inconsecuentemente: “…para siempre”; pero debiera ser, como allá, apenas “continuamente”. Aunque claro está que los rechazadores del Mesías, en cuanto personas, perecen para siempre; mas Israel, como nación, tiene por gracia un remanente constante que desembocará, por fin, en la conversión de la nación). Sigue Pablo: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su trasgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos”. (El tropiezo de la nación de Israel no es para caída definitiva de la nación, pues un remanente suyo ha recibido al Mesías; pero la trasgresión de rechazar al Mesías en Su primera venida, dio lugar a que Dios también los provocara a celos, abriendo la puerta de la salvación a los gentiles, tal como lo había prometido por medio del Cántico de Moisés en Deuteronomio 32:21: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata”; y muchas más cosas dice el Cántico de Moisés al respecto, añadiendo también allí que se retendría de raerlos por completo, para que sus enemigos no se vanagloriaran, y entonces se arrepentiría y haría expiación por ellos y los vengaría de sus enemigos, mandando a las naciones alabar a Israel). Por eso continúa Pablo enseñando que la trasgresión de Israel resultó en la riqueza del mundo, y su defección en la riqueza de las naciones. Y evangelizaba también para provocar a Israel a celos para salvación. Y entonces exclama: “¿Cuánto más su plena restauración?” Si la trasgresión y la defección de Israel resultaron en riqueza para las naciones insensatas en su idolatría, ¡qué mejor será la plena restauración de Israel! Pablo, pues, espera la plena restauración de Israel, conforme al cuadro profético completo. Y añade: “Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” Y asocia Pablo aquí la admisión de vuelta de Israel con el lenguaje profético de Ezequiel cuando Dios proclamó: “Así ha dicho Yahveh Adonai: He aquí Yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que Yo soy Yahveh, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que Yo Yahveh hablé, y lo hice, dice Yahveh” (Ezq.37:12-14), en el contexto de la Visión del valle de los huesos secos.
Vemos, pues, que Pablo hasta aquí ya ha hablado inspiradamente, y sobre la base de los profetas, de la admisión de Israel y su plena restauración. Por lo tanto, la teoría del reemplazo absoluto de Israel, no es consecuente con el tenor general de las Escrituras inspiradas. Continúa entonces Pablo hablando de la santidad de la masa restante de donde se tomaron las primicias, y de la santidad de las ramas, gracias a la raíz. No todas las ramas fueron desgajadas, pues debemos recordar el remanente constante; por lo tanto, mediante la fe, y por eso hablamos abiertamente delante de Israel, habrá una reinserción nacional, conforme a las promesas y al pacto de Dios para con Israel. El misterio de Israel tiene, pues, en su final, tres partes principales: (1) Por sus pecados, el pueblo escogido, Israel, sería endurecido en parte, y entonces corregido y esparcido; (2) Serían entonces provocados a celos cuando Dios tomase un pueblo para sí de entre los gentiles; (3) Israel sería entonces plenamente restaurado como nación, volviendo de la dispersión, admitido al recibir la vida que viene del Mesías por Su Espíritu, y reinsertado en el reino de Dios. Todo esto debido al llamamiento y don irrevocables de Dios, por causa de la promesa a los patriarcas, y del celo de Dios por Su propio Nombre.
En cuanto al actual retorno de Israel, que es la coyuntura presente, y lo que a esto sigue, debemos recordar varias profecías que atañen a la tercera parte del misterio referido. Por Isaías dice Dios claramente: “En aquel tiempo el renuevo de Yahveh será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes, cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación…/… Acontecerá en aquel tiempo que la Raíz de Isaí, estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y Su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Yahveh alzará otra vez Su mano para recobrar el remanente de Su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín; sino que volarán sobre los hombros de los palestinos al occidente, saquearán también a los de oriente; Edom y Moab le servirán, y los hijos de Amón los obedecerán. Y secará Yahveh la lengua del mar de Egipto; y levantará Su mano con el poder de Su Espíritu sobre el río, y lo herirá en sus 7 brazos, y hará que pasen por él con sandalias. Y habrá camino para el remanente de Su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto…/… Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto. ¿Acaso ha sido herido como el que lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron? Con medida lo castigarás en sus vástagos. Él los remueve con Su recio viento en el día del aire solano. De esta manera, pues, será perdonada la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto, la remoción de su pecado; cuando haga todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten los símbolos de Asera ni las imágenes del sol. Porque la ciudad fortificada será desolada, la ciudad habitada será abandonada y dejada como un desierto; allí pastará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas. Cuando sus ramas se sequen, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas; porque aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto, su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó. Acontecerá en aquel día que trillará Yahveh desde el río Eufrates hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno. Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Yahveh en el monte santo, en Jerusalén…/…Y los redimidos de Yahveh volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido…/…Del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: no detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice…/…He aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí éstos del norte y del occidente, y éstos de la tierra de Sinim…tus edificadores vendrán aprisa…Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo Yo, dice Yahveh, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia. Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos. Y dirás en tu corazón: ¿Quién me engendró éstos? Porque yo había sido privada de hijos y estaba sola, peregrina y desterrada; ¿quién, pues, crió éstos? He aquí que yo había sido dejada sola; ¿dónde estaban éstos? Así dijo Yahveh Adonai: He aquí, Yo tenderé mis manos a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros. Reyes serán tus ayos, y sus reinas sus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que Yo soy Yahveh, que no se avergonzarán los que esperan en Mi…/…Ciertamente volverán los redimidos de Yahveh; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán…/…De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados…/…Dice Yahveh Adonai, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él sus congregados…/…Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos…¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas? Ciertamente a Mi esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Yahveh tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado. Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia…/…Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones…/…Sacaré descendencia de Jacob, y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis siervos habitarán allí…/…¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? Dijo Yahveh. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? Dice tu Dios…Y pondré entre ellos señal, y enviaré a los escapados de ellos a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no oyeron de Mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones. Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Yahveh…” (Is.4:2-4; 11:10-16; 27:6-13; 35:10; 43:5b-7; 49:12,17a,18-23; 51:11; 52:3b; 56:8; 60:4,8-10; 61:4; 65:9; 66:8b,9,19-20a).
La Raíz de Isaí, Jesucristo, el León de la tribu de Judá, Heredero de todas las cosas, ya ha sido puesta por Dios como pendón a todos los gentiles, y por eso Su Iglesia se encuentra en todas las naciones. Una vez castigado Israel por sus pecados e incredulidad, el Mesías, cual pendón a las naciones, envía apóstoles a Occidente, al Norte de África, al Asia Menor, a Siberia, a Grecia, y a las costas lejanas, a publicar la gloria divina, y a portar la señal divina que indique que es la hora para que se recoja a los dispersos de Israel de nuevo a su tierra. Incluso los gobiernos de las naciones, amigos de Israel, han de colaborar en este asunto, para que los israelitas regresen a Israel desde Irak, Egipto, Eritrea, Etiopía, Asia Central, Kuwait, Siria, Líbano y ultramar, etc.. Los entendidos del plan divino deben cooperar para que las legislaciones contemplen el ayudar y apoyar al retorno de los israelitas a su tierra. Y no solo desde los ámbitos gubernamentales, sino también desde la filantropía civil. Entonces vuelven los dispersos de Israel a su tierra desde el Oriente, el Occidente, el Norte y el Sur, desde Sefarad y los principados de Tarsis, y desde la China y sus países vecinos, desde el Aquilón y desde el Austro. Las ciudades de Israel ya han sido reedificadas, y lo seguirán siendo. Palestina estará bajo la sombra de Israel, Jordania cederá, los gentiles ayudarán. La nación ya ha nacido, y no está más dividida en dos reinos, sino que es una sola, y acoge a sus hijos que vuelven desde todas las procedencias, circunstancias y mezclas. Dios corrige entonces a sus enemigos y opresores. Todo esto lo podemos comprobar de Isaías.
Ahora bien, en pleno tiempo de cautiverio y dispersión babilónica, también por Jeremías profetizó Yahveh: "…Yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni serán menoscabadas, dice Yahveh. He aquí que vienen días, dice Yahveh, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En Sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será Su nombre con el cual le llamarán: Yahveh, justicia nuestra. Por tanto, he aquí que vienen días, dice Yahveh, en que no dirán más: Vive Yahveh que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Yahveh que hizo subir y trajo la descendencia de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde Yo los había echado; y habitarán en su tierra…/…Porque he aquí que vienen días, dice Yahveh, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Yahveh, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán. Estas, pues, son las palabras que habló Yahveh acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho Yahveh: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! Tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado. En aquel día, dice Yahveh sabaot, Yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que servirán a Yahveh su Dios y a David su Rey, a quien yo les levantaré. Tú, pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Yahveh, ni te atemorices, Israel; porque he aquí Yo soy el que te salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Yahveh, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo. Porque así ha dicho Yahveh: incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto. Pero serán confundidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hoyaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. Mas Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Yahveh; porque desechada te llamaron, diciendo; Esta es Sion, de la que nadie se acuerda. Así ha dicho Yahveh: he aquí Yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado según su forma. Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de nación que está en regocijo, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los multiplicaré, y no serán menoscabados. Y serán sus hijos como antes, y su congregación delante de Mí será confirmada; y castigaré a todos sus opresores. De allí saldrá su príncipe, y de en medio de ella su señoreador; y le haré llegar delante cerca, y él se acercará a Mi; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a Mi? Dice Yahveh. Y me seréis por pueblo, y Yo seré vuestro Dios. He aquí que la tempestad de Yahveh sale con furor; la tempestad que se prepara, sobre la cabeza de los impíos reposará. No se calmará el ardor de la ira de Yahveh, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de Su corazón; en el fin de los días entenderéis esto. En aquel tiempo, dice Yahveh, Yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a Mí por pueblo. Así ha dicho Yahveh: el pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo. Yahveh se manifestó a mi hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas. Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas. Porque habrá día en que clamarán los guardas en el Monte de Efraín: Levantaos y subamos a Sion, a Yahveh nuestro Dios. Porque así ha dicho Yahveh: regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oir, alabad, y decid: oh Yahveh, salva a Tu pueblo, el remanente de Israel. He aquí Yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá. Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por Padre, y Efraín es mi primogénito. Oíd palabra de Yahveh, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y lo guardará, como el pastor a su rebaño. Porque Yahveh redimió a Jacob, lo redimió de mano del más fuerte que él. Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de Yahveh, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y Mi pueblo será saciado de Mi bien, dice Yahveh. Así ha dicho Yahveh: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron. Así ha dicho Yahveh: reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Yahveh, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice Yahveh, y los hijos volverán a su propia tierra. Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: - me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque Tú eres Yahveh mi Dios. Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud.- ¿No es Efraín hijo precioso para Mí? ¿No es niño en quien me deleito? Pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso Mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Yahveh. Establécete señales, ponte majanos altos, nota atentamente la calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades. ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz? Porque Yahveh creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón. Así ha dicho Yahveh sabaot, Dios de Israel: Aún dirán esta palabra en tierra de Judá y en sus ciudades, cuando Yo haga volver sus cautivos: Yahveh te bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo. Y habitará allí Judá, y también en todas sus ciudades labradores, y los que van con rebaño. Porque satisfaré el alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida. En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable. He aquí vienen días, dice Yahveh, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Yahveh. En aquellos días no dirán más: los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. He aquí que viene días, dice Yahveh, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron Mi pacto, aunque Yo fui como un marido para ellos, dice Yahveh. Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Yahveh: Daré Mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y Yo seré a ellos por Dios, y ellos Me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce a Yahveh; porque todos Me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Yahveh; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Así ha dicho Yahveh, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Yahveh sabaot es Su nombre: Si faltaren estas leyes delante de Mi, dice Yahveh, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de Mi eternamente. Así ha dicho Yahveh: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también Yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Yahveh. He aquí que vienen días, dice Yahveh, en que la ciudad será edificada a Yahveh, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Ángulo. Y saldrá más allá el cordel de la medida delante de él sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa. Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos al oriente, será santo a Yahveh; no será arrancada ni destruida más para siempre…He aquí que Yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los eché con Mi furor, y con Mi enojo e indignación grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente; y Me serán por pueblo, y Yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que Me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de Mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo Mi corazón y de toda Mi alma. Porque así ha dicho Yahveh: Como traje sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo. Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís: está desierta, sin hombres y sin animales, es entregada en manos de los caldeos. Heredades comprarán por dinero, y harán escritura y la sellarán y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, y en las ciudades de Judá; y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de la Sefela, y en las ciudades del Neguev; porque Yo haré regresar sus cautivos, dice Yahveh.
viernes 13 de junio de 2008
¿DE QUÉ ESPÍRITU SOIS?
¿DE QUÉ ESPÍRITU SOIS?
Vamos a 1ª a Timoteo 4:12: "Ninguno tenga en poco tu juventud, si no sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza".
Pienso que se entiende muy clara cada palabra hasta donde dice: amor: pero luego dice otra palabra, que es, de entre todas las seis, la carga del Espíritu para la presente consideración. Es la palabra "espíritu" (en minúscula); luego menciona fe y pureza. Pero hay algo que se llama "espíritu" en minúscula; y me gusta que esté en minúscula, por que está involucrando al espíritu de la persona.
¿En qué espíritu está la persona?. Hay algo que se llama aquí "espíritu".
Sé ejemplo de...espíritu. La carga específica es: sé ejemplo en espíritu. ¿ En qué espìritu estoy?, ¿en qué espìritu està la persona?. ¿Què es eso del espìritu? Sé ejemplo en espìritu.
De eso también se habla en Lucas 9:51-56.
Estas cosas se disciernen precisamente con el espirìtu. Esto existe y es precioso; pero es algo que no tiene sabor exterior, que no tiene color, pero que en el ámbito espiritual es preciosísimo. El espíritu se aprecia con el espíritu. Recibes en tu espíritu la capacidad de tocar el espíritu; el espíritu toca el espìritu; nuestro espìritu toca el espìritu de la persona, de la comunidad, de la época.
Existe, pues, algo misterioso que es el espìritu, y es de gran valor; las personas se tocan en el espìritu. No se tocan meramente en el cuerpo, la mente, la emoción, sino que se tocan en el espìritu.
Nuestro espìritu percibe en qué espìritu está la persona; si está en un espìritu luminoso, o si está en un espìrtu tenebroso.
Leemos en Lucas acerca de Jesús: "Mas no le recibieron porque su aspecto era como de ir a Jerusalén".
Por causa de ese espìritu no le recibieron. ¡Cómo se sufre cuando no se es recibido!. Pero es fàcil cuando somos recibidos. Los discípulos se enardecieron cuando vieron al Señor siendo injuriado; ellos incluso hasta tenìan fe con ardor, como para decir: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elias, y los consuma?
Pero escuchen lo que les respondió el Señor Jesús en el v.55: "Vosotros no sabéis de qué espìritu sois".
¡Que contraste de espíritu!.
¿De qué espiritu sois? ¿Qué espíritu están canalizando? ¿A qué espìritu están dando lugar en el ambiente? ¿Qué espíritu está contaminando?
Jesús les habla de tal manera, para aclararles en qué espíritu están, y también para cambiarles de espíritu.
El Señor no va a juzgar a unos con el paradigma de otros, sino que tiene en cuenta el paradigma de cada uno.
La declaración seria es: Vosotros no sabéis de qué espiritu sois. A veces uno no se da cuenta en qué espíritu está. No es cuestión meramente de palabras y apariencias; aparentemente hasta se puede ser muy "bíblico", pero muchas veces no se está en el espíritu correcto. Sé ejemplo en espíritu. Entonces, las personas que son espirituales, disciernen el espíritu. A veces se es fácilmente engañado por las apariencias; pero los que son personas que tienen el espíritu ya entrenado para discernir el espìritu de las cosas, el espìritu que se està moviendo en el ambiente, se dan perfectamente cuenta cómo y hacia dónde se están llevando el agua para el molino ajeno. A veces hay una aparente calma, pero se discierne que hay algo en el ambiente; como suele decirse: "una calma chicha".
Este asunto es de sumo valor para Dios: En qué espíritu se hacen las cosas, en qué espìritu se expresan las palabras; porque en realidad es como si uno pudiera ser de varios espíritus, según la ocasión. Cuando el Señor dice: de qué espíritu sois, es como si dijera: -ustedes no se dan cuenta la clase espíritu, tan diferente a mí, que les tocó. A veces no nos damos cuenta qué espíritu nos ha tocado y en qué espíritu estamos; y a veces no queremos darnos cuenta, aunque nuestra conciencia nos advierte muy debajito que no estamos en el espíritu correcto.
La Palabra de Dios nos dice que existen contaminaciones de carne y de espíritu.
De eso podemos leer, por ejemplo, en 2ª a Corintios 7:1. Así que las cosas de la carne nos contaminan,; pero también hay contaminación de espíritu. En el libro de Job se habla de que el paladar degusta las palabras; es como si fuese un paladar espiritual. No solamente hay, pues, contaminación de carne, sino también de espíritu. Si yo no estoy en el Espíritu de Cristo, entonces yo mismo puedo contaminar. A veces contaminamos, y a veces podemos también ser contaminados.
A veces, en cierto ambiente, se mueve determinado espíritu. Podemos decir que en cada sociedad, en cada grupo, se mueve un determinado tipo de espíritu. Por eso el Señor, en Apocalipsis, habla de los ángeles de las iglesias; pues cada iglesia y cada época está en un determinado espíritu y en una determinada tónica que se manifiesta en su respectivo liderazgo.
A veces todo esto puede ser muy sutil. Suceden las cosas, siendo influencia la clase de espíritu en que estamos. ¿De qué espíritu somos? Nuestro espíritu debe ser purificado.
Nuestro entendimiento a veces se queda corto para interpretar las cosas del espíritu.
Pero cuando tu espíritu ha sido entrenado por Dios, entonces tú puedes discernir en el espíritu.
Miremos también Efesios 4:22-24.
En el v.23 dice: "Renovados en el espìritu de vuestra mente". Nuestra mente puede ser renovada o contaminada. A veces vivimos bajo paradigmas y sentimientos de opresión. A veces somos muy duros, o a veces muy laxos.
El Señor tenía y tiene equilibrio entre la gracia y la verdad. Como necesitamos aprender a ser verdaderos, llenos de gracia y de verdad. El señor Jesús logró combinar en Él la gracia y la verdad. ¡Que espíritu tan equilibrado!, no contaminado, sino libertador.
Observemos siempre qué espíritu está circulando, y vigilemos si nuestra mente o sentimientos están siendo contaminados. ¿En qué espìritu se está actuando? Jesús dijo: vosotros no siempre lo sabeis. A Laodicea mandó escribir que no se daba cuenta de ser cuitada y miserable y de estar ciega y desnuda.
Cuando Jesús iba a Jerusalén, sabía para qué iba; por eso pudo perdonar a los samaritanos.
Si estamos en un buen espìritu, nos podemos ayudar mutuamente.
Pero Satanás es como un roedor que quiere siempre dañar el ambiente.
El enemigo quiere siempre dañarnos el espìritu; el diablo quiere dañar el espìritu de la comunidad.
Pero debemos ser como Isaak, que aunque repetidamente los filisteos le anegaron los pozos, él continuaba abriendo pozos hasta que no se los pudieron anegar más. Debemos ser como Isaac, figura de Cristo, para no permitir que Satanás nos mantenga presos de un mal espíritu.
Limpiémosnos de toda contaminación de carne y de espìritu.
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Gino Iafrancesco V., 8/VI/2008, Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia. Extracto.
domingo 27 de enero de 2008
LA OBRA DE DIOS, LA OBRA DEL MINISTERIO Y LA OBRA DE CADA UNO
LA OBRA DE DIOS,
LA OBRA DEL MINISTERIO
Y LA OBRA DE CADA UNO
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Vamos a estar considerando algo relativo a la obra de Dios, la obra del ministerio y la obra de cada uno; la obra de cada uno está dentro de la obra del ministerio y la obra del ministerio del cuerpo de Cristo está dentro de la obra de Dios.
La obra de Dios.-
Vamos a abrir la palabra de Dios en el libro de Hechos de los Apóstoles, y vamos al capítulo 13, el verso 41, que es una cita que hace el apóstol Pablo. Aquí en este capítulo 13 aparece el testimonio de Pablo y Bernabé en Pisidia, y aparece lo que él nos dice de una cita, en el contexto del testimonio del evangelio por parte de los apóstoles, por parte del cuerpo de Cristo al mundo, a los judíos primeramente, en una sinagoga judía en Pisidia; el apóstol utilizó un versículo que es de Interés. Entonces, dice el verso 41 del capítulo 13, que es una cita que está en el profeta Habacuc: “Mirad, oh menospreciadores…”, porque cuando uno menosprecia, uno aniquila; pero Dios dice: Mirad; los que están menospreciando miren; ¿qué es lo que hay que mirar? “…asombraos, y desapareced”; oh! tres cosas: mirar, asombrarse, y si seguimos siendo menospreciadores, desaparecer. Ojalá no seamos menospreciadores, sino colaboradores, para no desaparecer, sino para permanecer. “Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; porque Yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguno os la contare”. Es una cita interesante, donde Dios mismo habla en primera persona: Yo hago una obra; es la obra de Dios.
Sin ponernos de acuerdo Manolito sintió en el corazón leernos desde el comienzo un Salmo que hablaba de las obras y los hechos portentosos de Dios, y nuestro testimonio, y glorificaron a Dios por causa de sus obras y sus hechos portentosos. Entonces, hay una obra, desde la eternidad, que Dios viene haciendo; una obra que abarca todo lo que Él ha hecho, incluyendo Su amor eterno, presciencia y propósito, Su creación, Su providencia, la obra de la redención, Su reino, la glorificación de la iglesia, Su juicio, la conclusión de todas las cosas, el cumplimiento, la realización de Su propósito eterno. Todo esto es lo que se llama “la obra de Dios”; y la obra de Dios tiene varios capítulos; y uno de esos capítulos es la obra que Dios dice que haría en nuestros días; y Pablo refiere que esos días son a partir de la primera venida del Señor Jesús; porque él está testificando de la venida del Señor Jesús, de la obra de Cristo en la cruz, de la resurrección, del derramamiento del Espíritu, de la comisión dada a la Iglesia y del trabajo de Dios con la Iglesia. Entonces, esa es la obra de Dios, que Dios está haciendo en nuestros días; no podemos menospreciarla, aunque podemos también asombrarnos; y algunos pueden desaparecer. ¡Qué serio! ¿no?, que Dios relacione con Su obra en nuestros días esas tres palabras: mirar, asombrarse y desaparecer. La obra del Señor es para que nosotros desaparezcamos, y para que el Señor aparezca; esa es la obra de Dios.
La gesta de Cristo.-
Las fiestas solemnes de Israel nos recuerdan la gesta de Cristo, la obra del Señor, los distintos aspectos de Su obra. Dentro de estos aspectos de Su obra tenemos el de Su muerte expiatoria en la cruz, tal como aparece a nosotros, en el sentido objetivo, jurídico, exterior, en la fiesta de la Pascua; Él murió por nosotros. Pero también tenemos que comerlo, al Cordero sacrificado, y con panes sin levadura; entonces, por eso la fiesta de la pascua venía junto con la de los ácimos, y con la de las primicias, que habla de la resurrección. Entonces, hay el aspecto jurídico y el aspecto orgánico, lo que El hizo en sí mismo y lo que hace en nosotros; por eso aparece también luego la fiesta de Pentecostés, después de las primicias, a los cincuenta días, la obra del Espíritu, que es otro capítulo de la obra de Dios; pero después de Pentecostés, y cubiertos por la expiación, y en espera de la conclusión, está la obra de las trompetas, que significa a Cristo siendo anunciado. Recién entonces llega la fiesta de los tabernáculos.
La obra del ministerio.-
Hay, pues, una obra divina de creación, una obra divina de providencia, una obra divina de redención, y también hay una obra divina de inspirar las Sagradas Escrituras, de edificar el cuerpo de Cristo, de constituir el ministerio del cuerpo, de dar a la iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para que edifiquen el cuerpo de Cristo, por medio de perfeccionar a los santos. Son los santos los que hacen en Cristo, por el Espíritu, la obra del ministerio. Entonces ahí podemos darnos cuenta de cómo, dentro de la obra de Dios, está ese gran capítulo de la fiesta de las trompetas, que es Cristo siendo anunciado, la Palabra siendo inspirada, siendo escrita, y siendo expuesta; porque, como dice inspiradamente el salmista: la exposición de las palabras de Dios alumbra. Esto es también parte de la obra de Dios; no es la única, pero es parte de la obra de Dios. Nos damos cuenta de que de la obra de Dios surge lo que se llama en la Palabra: “la obra del ministerio”. La obra el ministerio es necesaria dentro de la obra de Dios, y es también parte de la obra de Dios. Aunque haya diversidad de dones, hay un mismo Espíritu; y aunque haya diversidad de ministerios, hay un mismo Señor que coordina todos los ministerios en el ministerio del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, de la justificación, de la reconciliación, del Espíritu, de la Palabra, en el sentido completo del consejo de Dios. Entonces, pues, la obra del ministerio también es parte de la obra de Dios; es Dios mismo el que hace estas obras. Dice la Palabra que Cristo constituyó a Pablo ministro, según la gracia de Dios que le fue dada, y según la operación de Su poder. Entonces, la obra de Dios es la operación de Su poder en gracia, a través de todos los miembros del cuerpo. El trabajo del cuerpo de Cristo es parte de la obra de Dios, porque es la operación de Su poder en gracia; y es necesaria la obra del ministerio del cuerpo de Cristo para que la obra total de Dios tenga su culminación.
La apertura del primer Sello.-
El Hijo de Dios e Hijo del Hombre ascendió resucitado, y se sentó a la diestra del Padre, y se le fue dado el Libro de los Siete Sellos. El primer sello que Él abrió fue el del caballo blanco, con su jinete para vencer; y Él derramó Su Espíritu, constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; esa es la fiesta de las trompetas: Cristo siendo anunciado. Después de la fiesta de Pentecostés, viene la fiesta de las trompetas; esa es una obra de Dios. Alguien mencionó aquí a un personaje que se está oponiendo, realmente no a los evangélicos ni a los pastores meramente, sino a la obra de Dios. Si este menospreciador no mira, no se asombra, entonces desaparece en su ceguera; ese y cualquier otro. Hay algo que Dios mismo está haciendo en nuestros días. Una obra que Yo haré, dice el Señor, en vuestros días; y parte de esa obra es la obra del ministerio. Tal expresión: la obra del ministerio, que se usa en el Nuevo Testamento, ya había sido adelantada por el Espíritu Santo en al Antiguo Testamento de manera tipológica. No vamos a ver todos los pasajes, pero por lo menos alguno representativo en el libro 1º de Crónicas.
Tipología veterotestamentaria de la obra del ministerio.-
Vamos al primer libro de Crónicas, capítulo 23, porque es un capítulo tipológico; recordemos que en estos capítulos está siendo ordenado el servicio de la casa de Dios: los porteros, los levitas cantores, etc., etc. Entonces, en el capítulo 23, que las Sociedades Bíblicas titularon: “Distribución y deberes de los levitas”, hay varias expresiones a lo largo del capítulo, que algunas concentran la importante expresión, y que podemos leer desde el versículo 24 en adelante. Había mencionado una serie de personas, y dijo: “Estos son los hijos de Leví, en las familias de sus padres…”; notemos aquí que primero son personas; y estas personas están en una familia, y están corporativamente trabajando bajo el gobierno de Dios; “…jefes de familias según el censo de ellos, contados por sus nombres, por sus cabezas, de veinte años arriba, los cuales trabajaban (eso es plural) en el ministerio (eso es singular) de la casa de Yhaveh”. Todos ellos trabajaban en ministerios diferentes; pero sus diferentes ministerios, funciones y actividades, formaban parte de una actividad o servicio colectivo que entre todos prestaban; ese servicio colectivo, donde las partes de todos y cada uno se juntaban y ensamblaban unas con otras, se llamaba “la obra del ministerio de la casa de Dios”.
Podemos seguir leyendo; voy a saltarme el versículo 25, y dice en el verso 26: “Y también los levitas no tendrán que llevar más el tabernáculo y todos los utensilios para su ministerio”. Ahora era el templo; entonces, habiendo pasado del tabernáculo, o de la tienda, al templo, ahora su ministerio se modificaba según las circunstancias; y ahora voy a leer el v.27: “Así que, conforme a las postreras palabras de David, se hizo la cuenta de los hijos de Leví de veinte años arriba. Y estaban bajo las órdenes de los hijos de Aarón (que representa el Sumo Sacerdocio que es Cristo) para ministrar en la casa de Yhaveh”. ¿En qué lugares? “En los atrios, en las cámaras y en la purificación de toda cosa santificada, y en la demás obra”. Todo lo que se hacía, por ejemplo, en los atrios, en las cámaras, lo que se hacía para purificar cada cosa, todo eso era parte de esta obra; y ahora dice: “… y en la demás obra del ministerio de la casa de Dios”. Entonces noten como el Espíritu Santo estaba introduciendo en la tipología el concepto de la obra del ministerio del cuerpo de Cristo, el cual es hoy la casa de Dios, el pueblo de Dios, la Iglesia. Aquello era una figura; hoy es la realidad.
En el Nuevo Testamento.-
En el Nuevo Testamento, ya los hermanos conocen muy bien, tenemos aquella expresión; en Efesios, en el capítulo 4, aparece en el versículo 10: “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos (¿para qué Él subió?) para llenarlo todo”. (Siéntate a mi diestra hasta que Yo ponga a todos tus enemigos por estrado de tus pies…/… Toma el libro y abre sus 7 sellos… Cuando termines de abrir el Libro, los reinos del mundo vendrán a ser del Señor y de Su Cristo). Entonces Él se sentó a la diestra y comenzó a abrir el Libro; y lo primero que puso a cabalgar fue el caballo blanco. Ese jinete comenzó a cabalgar desde que Jesucristo se sentó a la diestra de Dios y comenzó a abrir el Libro. Escrito está: “…subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo dio (voy a traducir aquí con más exactitud, porque la palabra “constituyó” tiene aquí como una connotación un poco clerical, un poco eclesiástoide, pero no en el sentido bíblico sino en el sentido tradicionalista institucional; mas la palabra en el griego es edoken, o sea, dio Dios; de dar; es decir, Dios está regalando ciertas personas a la iglesia; no poniéndole opresores a los santos, sino haciéndole regalos; es muy diferente el sentir de la manera como Pablo habla; entonces por eso prefiero traducirlo así: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de…”. Él dio; esa es parte de Su obra, de la obra de Él en nuestros días. ¿Para qué Él da esas personas?, ¿Cuál es el objetivo? ¿Que los dados se engrandezcan?, ¿Qué sean un clericado especial, un sacerdocio insufrible? ¡No!, el objetivo es un regalo a la iglesia, para la iglesia; dice: “…a fin de perfeccionar a los santos…”. Dios le da personas a la iglesia con el objetivo de perfeccionar a los santos; el objetivo es los santos, que los santos hagan la obra del ministerio: Entonces la obra del ministerio no es hecha solamente por los apóstoles, por los profetas, por los evangelistas, por los pastores y maestros, sino por todos los santos, por todos los miembros del cuerpo de Cristo. Y si Dios dio ese regalo a la iglesia, no es para que sustituya el trabajo de la iglesia, sino para que lo promocionen, para que lo ajusten, para que lo perfeccionen. Entonces allí aparece esa expresión que habíamos leído allá en Crónicas, “la obra del ministerio”; aquí dice: “para la edificación del cuerpo de Cristo”, que eso es lo que es la casa de Dios.
Decía que los levitas trabajaban juntos; eran muchos; había un censo; muchas personas; pero todas esas personas, de las que cada una tenía su particularidad, esa particularidad la debía realizar en la comunión del cuerpo; no perdía su particularidad, pero tampoco perdía su inclusión en el cuerpo. Y en esto necesitamos tener mucha claridad, y que el Señor, por su Espíritu, nos conceda mucho equilibrio.
La obra de cada uno.-
La misma Biblia que habla de la obra de Dios, y que habla de la obra del ministerio de todos los santos, habla también de “la obra de cada uno”. Entonces existe la obra de cada uno. La obra de cada uno es una obra particular, tiene su sello particular, no es igual a la obra de otro; la obra del páncreas no es la misma que la de los pulmones, no es la misma que la del estómago, no es la misma que la de los ojos; pero, aunque no es la misma, está coordinada dentro de una sola obra de todo el cuerpo. Entonces todo el cuerpo cumple una función conjunta, colectiva, para el Señor; entonces la obra de cada una está insertada en la obra del ministerio, y la obra del ministerio del cuerpo de Cristo es una parte de la obra de Dios. Respecto de la creación, bueno, nosotros no tuvimos nada que ver; de la providencia tampoco tenemos mucho que ver, aunque Él nos use como instrumentos providenciales; la obra de la redención le tocó hacerla a Él solito en la cruz; pero de la obra del ministerio de edificar el cuerpo de Cristo nos tocó una parte a nosotros en el Espíritu, así como en la obra de la providencia le tocó también a los ángeles cuidarnos, evitar algunos accidentes, producir algunas de las que nosotros llamamos entre comillas “casualidades”. Él usa ángeles para Su obra de la providencia, y de cuidado, etc. Él usa los miembros del cuerpo de Cristo para la obra del ministerio de la edificación del cuerpo de Cristo, que es la edificación de una esposa para el Hijo de Dios. Entonces la obra de cada uno está insertada, incluida, y es parte de la obra del ministerio colectivo. Entonces ahí necesitamos aprender un equilibrio.
Equilibrio y coordinación.-
El equilibrio es para no homogenizar demasiado, ni particularizar demasiado. En un extremo, a veces resaltamos tanto nuestra propia obra, que a veces nos olvidamos de que nuestra parte es apenas eso, una parte en el contexto de la obra de otros, y que debe encajar con la obra de otros. Pero podemos irnos al otro lado, y querer homogenizar, y pretender hacer a todo el mundo iguales a nosotros, cuando más bien el Señor estableció diversidad de ministerios, y dio diversidad de dones, y también está escrito que Dios realiza diversas operaciones; hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las obras en todos, es el mismo. Dios tiene que ver con la obra de cada uno, y también con la obra de los equipos que Él forma; y hay diversidad de operaciones, pero Dios hace todas las cosas en todos.
La obra de Dios es que el corazón palpite, y la obra de Dios es que los pulmones respiren, y obtengan el oxígeno, y se lo pasen a la sangre: y el aparato circulatorio tiene que hacer una cosa, y el nervioso otra, y cada uno tiene que hacer algo distinto. Entonces hay algo distintivo, que es la obra de cada uno; y a la misma vez, la obra de cada uno no es una obra aislada, no es una obra en contraposición a la de otros que son diferentes, y a veces hasta contrastantes. Aunque cada uno tiene su obra, esas obras son coordinadas por una cabeza: Jesucristo. Por eso en la Biblia se habla de la coordinación; pero no se trata de una coordinación que venga de la carne, y que pueda utilizar Satanás para estorbar con mucha astucia. ¡No!; se trata más bien de la coordinación que viene de la Cabeza, por el Espíritu, y que es sobrenatural, y que no tiene mano humana extraña. La Biblia dice: bien ajustados y coordinados en Cristo, el templo va creciendo para ser un templo santo en el Señor, edificados juntamente unos con los otros.
Autoridad.-
Vamos a ver ahora un poco más de la tercera parte: la primera, la obra de Dios; la segunda, la obra del ministerio; la tercera, la obra de cada uno. Vamos a ver otra Escritura donde se nos habla de la obra de cada uno; ese “cada uno” es usted; puede poner su nombre y su apellido, y si quiere su cédula. Vamos al evangelio de Marcos, hacia los últimos capítulos de su libro, al capítulo 13, versículos 33 en adelante, hasta el 37; allí donde el Señor está hablando: “Mirad”; bueno, hay que mirar, “velad y orad; porque no sabéis cuando será el tiempo. Es como (aquí está dando una figura, una parábola) un hombre (el Señor Jesús) que yéndose lejos (a la diestra del Padre) dejó su casa (esa es la iglesia aquí en la tierra; Él no se la llevó todavía, aunque nos sentó con El en lugares celestiales, pero en Espíritu) y dio autoridad (eso es en singular) a sus siervos (eso es en plural; o sea que Su autoridad, Su delegación, fue repartida entre Sus siervos, aunque ejercida colectivamente, mas también respetando y teniendo en cuenta las particularidades, pues ahora dice más:) y a cada uno su obra, y al portero (que tiene que hacer una obra específica) mandó que velase”. Es decir, tiene que estar atento el portero, para que no se infiltre nada extraño y para que cuando su Señor llegue, se levante y le abra y anuncie. Entonces aquí el Señor Jesús habla de la autoridad divina, que es una sola, pues dijo Jesús: toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra; por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado; y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Se fue lejos, dejó por un tiempo Su casa, y dio autoridad a Sus siervos; la repartió entre ellos, pero a la vez la expresa en la comunión espiritual de ellos en acuerdo con el Espíritu; pero también añadió: “y a cada uno su obra”.
Siervos ajenos.-
Por eso en 1ª a los Corintios 3, si ustedes quieren ver conmigo, volvemos a encontrarnos con esa expresión en el versículo 13, pero voy a leerlo desde el v.10: “Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima, pero (fíjense en esa frase) cada uno mire como sobreedifica”. Acerca del fundamento, nadie puede poner otro que el que ya está puesto; pero sobre el fundamento cada uno tiene que hacer su parte. Si usted va a hacer su parte, para que sea una obra legítima, que no sea de paja, que no sea quemable, tiene que ser hecha en Cristo; producida por el actuar de Dios; como dice Pablo: El que actuó en mi; Dice: El que actuó en Pedro, actuó también en mi; también dice: me puso por ministro…/… según la operación de su poder. Para que la obra de cada uno sea legítima, tiene que ser producida en gracia por la operación del poder de Dios. Es el poder de Dios el que tiene que operar en cada persona, haciéndole entender a cada uno, así sea, incluso, que debe que recoger un papelito; esa también es parte de la obra de Dios; cada uno debe saberlo, pues tiene que nacer del soplo del Espíritu, tiene que ser una obra que tiene origen en Dios, que su origen es celestial, tanto la comisión, como la realización, como el objetivo; tiene que ser de Él, tiene que ser por Él, y tiene que ser para Él; entonces es parte de la obra de Dios, porque se originó en Él, se realiza por medio de Él, y se realiza para Él; esa es la marca de la verdadera obra de Dios: tiene que tener su origen en Dios, ser realizada espiritualmente, y tiene que ser para la gloria de Dios; de Él, por Él y para Él; así debe ser la obra en general, y la obra particular de cada uno.
Entonces aquí vuelve a hablar de la obra de cada uno; en el verso 10: “cada uno mire como sobreedifica”; ¿a quién le corresponde mirar como sobreedificar? ¿A quién le corresponde, en primer lugar, hacer lo mejor que sabe, y lo que le toca hacer particularmente? Cada uno mire; eso le toca a cada uno; por eso también da a entender la Escritura: ¿Quiénes somos nosotros para juzgar al criado ajeno? para su propio Señor es que está en pie, o cae; pero poderoso es el Señor para hacerle estar firme. El Señor tiene que decirnos como le dijo a Pedro, cuando estaba tan morbosamente interesado en la suerte de Juan; preguntó Pedro al Señor: ¿y qué de Juan? Como quien dice: Ya me dijiste lo que me va a acontecer a mi; pero, y a Juan ¿qué? Y el Señor le responde: ¿y qué a ti? Como quien dice: y a ti ¿qué te importa? Sí, es como una manera de decir: ¿qué te importa a ti?; ¿Con qué derecho quieres meter tus narices en todas partes? tú asegúrate de hacer tu parte, haz tú lo mejor que puedas, anda en el Espíritu, sí, haz tu parte, y hazla como te toca hacerla a ti, y nadie tiene porqué interferirte. Noten esto; es necesario tener equilibrio; no debemos homogenizar la obra del Señor, ni pretender controlar a los hermanos de una manera carnal, porque esa es una táctica que usa Satanás para estorbar la obra. Desgraciadamente a veces queremos homogenizar y controlar por medios naturales, y utilizamos a veces sistemas coercitivos, y establecemos cláusulas manipuladoras, y a veces hasta organizaciones que le quitan la autoridad al fluir del Espíritu, y la colocan en un carro de bueyes. El peso del Arca, de la llevada del Arca del Pacto, de la Palabra y de la gloria de Dios, tiene que pesar sobre el corazón de cada hombre escogido por Dios; no se trata de una cosa maquinal. La maquinaria conduce a mortandad.
A veces por nosotros mismos repartimos y decimos: esto te va a tocar a ti, esto me va a tocar a mí, esto le va a tocar a él; y hacemos las cosas según un criterio meramente humano y una organización humana; ese es el carro de bueyes que conduce a la mortandad; el carro de bueyes es cualquier mecanismo de fabricación humana que pretenda hacer la obra de Dios, metiendo la mano para manipular. Eso estorba la obra de Dios, la cual debe pesar espiritualmente sobre el corazón de cada uno de los escogidos por Dios mismo.
Una cosa es que cada uno, cada levita, cada sacerdote, que ahora en el cuerpo de Cristo lo somos todos los miembros del cuerpo, hombres y mujeres, hijos de Dios, cada uno tenga el peso del Arca sobre su corazón; y otra cosa muy diferente, aunque aparentemente mucho más fácil y práctico para lo meramente humano, es pretender hacer como hizo Montesquieu, repartirse los poderes, creando diversos aparatos, como el poder Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, sin importarnos la vida y la disposición divina, pretendiendo usurpar por nosotros mismos una tajada en la torta de Dios. Creamos un aparato para maniobrar, pero ese aparato no tiene vida. Dios no comisionó aparatos, Dios no comisiona sistemas, Dios no comisiona estatutos, Dios comisiona personas escogidas por Él, personas que tienen el peso de Dios en su corazón, y que el Espíritu opera en ellas, por la operación de Su gracia y Su poder. Es por la gracia del Señor que una persona comienza a servir y a hacer lo que a esa persona le corresponde; y nos dice la Palabra a los demás, y todos somos los demás: ¿quién eres tú que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie o cae, pero poderoso es el Señor para hacerle estar en pie. Precisamente ese, el que tú y yo estamos criticando, ese es un siervo ajeno.
Entonces cada uno tiene una obra específica que hacer; y también les digo esto: cada uno de los que tenemos una obra particular, y cada uno la tiene, tiene que tener dos cuidados: por la derecha y por la izquierda; hay un querubín guardián en un extremo, y otro querubín guardián en otro extremo. Por un lado, tú no tienes que hacer tu obra particular de manera individualista, no tienes que desvincularte del cuerpo, debes saber que tu parte es con el cuerpo; por otra parte, no puedes permitir la homogenización, la enajenación de tu función particular, porque el Señor establece unos límites y dice: esta es la obra de uno, esta es la obra del otro; aunque la del uno y la del otro, son la obra del ministerio, esta es la obra de Dios. Dentro de la obra de Dios, está la obra del ministerio, y dentro de la obra del ministerio, está la obra de cada uno; y si hay la obra de cada uno, entonces hay la obra del otro, la tuya y la del otro.
La obra de otro, regla y medida.-
Vamos a ver donde habla de la obra del otro, pero debemos aquí todavía seguir hablando un poco de la obra de cada uno en la 1ª a los Corintios; no sólo en el verso 10 del capítulo 3, sino que el versículo 13 dice: “la obra de cada uno se hará manifiesta” ¿Amén? Así como en Marcos se habla de la obra de cada uno, en 1ª a los Corintios se habla también de la obra de cada uno.
Ahora veamos 2ª a los Corintios; como en la primera habló de la obra de cada uno, ahora también explica de la obra del otro, y de fundamento ajeno; es decir, puesto, de parte de Dios, por otro. Vamos a 2ª a los Corintios capítulo 10 verso 16; y voy a leerlo desde el verso 12 para tener el contexto: “Porque no nos atrevemos (porque eso sería un atrevimiento) a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; (no hay que contarse ni compararse con los que se alaban a sí mismos) pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos…” Uno, cuando está solito, encuentra que es el mejor, que es la última palabra, y como decimos: es la última coca-cola en el desierto, verdad?; entonces eso no es sabio, medirse a sí mismo por sí mismo, “y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”; o sea, por ahí empiezan a “aflojársele las tuercas a uno”; por eso es necesario estar dentro de la comunión, sin perder la identidad entregada por el Señor, pero sin aislar la identidad individual de la identidad colectiva del cuerpo y de la obra colectiva. Entonces dice: “Pero nosotros…” ah! Pablo está haciendo diferencia entre algunos medio loquitos y (dice:) “nosotros”; ojalá estemos entre los cuerditos y no entre los loquitos; “pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente…”; aquí usa una palabra: “desmedido”; ¿qué quiere decir desmedido? No estar dentro de las medidas, quedarse corto o sobrepasarse, ir más allá de lo que le corresponde, o no ir hasta donde le toca. Entonces, cuando tú no vas hasta donde te toca, tú estás siendo irresponsable, y vas a afectar el cuerpo; y cuando te vas más allá de lo que te toca, también afectas al cuerpo. Entonces por eso se habla de una medida; no hay que desmedirse, ni por defecto, ni por exceso, “…sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida”. Hay algo en el Nuevo Testamento que se llama una regla dada por Dios para medir, para saber hasta donde tengo que llegar, y sólo hasta dónde puedo llegar; eso es lo que se llama una “plomada”, una regla dada por Dios como medida; Dios da una regla; esa regla dice: hasta aquí puedo llegar y hasta aquí he de llegar, pero de aquí para allá no puedo sobrepasarme. Entonces, luego explica así: “la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros”; o sea que la regla tiene que ver con la llegada pionera hasta los otros.
Por ejemplo, Pablo llegó a Corinto enviado por Dios, y comenzó un trabajo en Corinto; entonces él tiene que poner de parte de Dios el fundamento en Corinto, pero no en Jerusalén, porque en Jerusalén le correspondió a Pedro, a Jacobo y a Juan; y también, cuando Pablo se iba a meter en Bitinia, el Espíritu Santo le dijo: no, no vayas a Bitinia; quien debía ir era Pedro; sí, a Pedro le correspondió ir a Bitinia. Quiere decir que Dios le entregó Bitinia a Pedro, y le entregó a Pablo, Macedonia. Si Dios le dice a Pablo: ven a Macedonia, y no vayas a Bitinia, y no te metas en Misia, quiere decir que hay un ambiente en el cual él va a ser útil, y otro en el que no. Pablo, yo sé, yo conozco a mis amados en Jerusalén, Pablo, no van a recibir tu testimonio en Jerusalén, yo te envío lejos a los gentiles; allá te voy a usar con los gentiles; en Jerusalén se va armar un problema; desde que llegues te van a hacer esto y aquello; ¿se dan cuenta?
Medidas, medidas; la obra de cada uno, la obra de otro, la medida apropiada de relacionarse, la obra del uno con la del otro, porque la obra de los dos, o de los tres, o de los cinco, es ya diferente, son diferentes, son particulares, son complementarias, no rivales, nunca debemos actuar de una manera rival, sino de una manera complementaria, porque el otro no va a ser como tú, ni tú como el otro, pero no son enemigos, son complementarios, pero en el complemento debemos aprender hasta donde yo puedo llegar, incluso hasta donde debo llegar, y donde no debo meterme, y donde debo aprender a retirar mi mano.
Dice así el verso 15: “No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos”. Hay un alegrarse o gloriarse que es legítimo, pero hay uno que es desmedido; ¿qué quiere decir trabajos ajenos? Que Dios le encargó al páncreas hacer un trabajo; el hígado puede ayudarlo, pueden complementarse; pero no va a hacer el hígado el mismo trabajo del páncreas; y tampoco podemos decir: tienen que escoger; ¿o se van con el hígado o se van con el páncreas? ¡No!, sino que necesitamos al páncreas como el páncreas es, y necesitamos al hígado como el hígado es; necesitamos a los dos, no tenemos que ponerlos a pelear, dejémosle ser distintos, apoyarse, complementarse, no estorbarse, ¿se dan cuenta? Además, Dios entregó jurisdicciones a cada uno que no deben ser violadas. “No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos (porque en esto hay que tener mucha paciencia) que conforme crezca vuestra fe (o sea, cuando los hermanos sean más maduros, no ahora, sino después) seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla”. Por ahora somos criticados, y no nos consideran apóstoles, dice Pablo; pero ahora en nuestros tiempos reconocemos a Pablo. Muchas veces, cuando se va a partir el pan, ni siquiera se usan las palabras de Jesús en los evangelios, sino las de Pablo. Muchas veces no se leen las palabras del Señor en Mateo, ni en Marcos, ni en Lucas, ni en Juan, sino que se lee casi siempre a Pabloen 1ª a los Corintios. Ahora honramos a Pablo, pero cuando Pablo estuvo en medio de ellos, fue tratado como si fuera un inferior, ¿se dan cuenta?
Sigue diciendo Pablo: “…sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro…”. No es que no pueda entrar, si se le convida, sino que enseña que no se debe entrar para gloriarse en lo que ya estaba preparado. Si de parte de Dios le correspondió tal jurisdicción a Pablo, con Timoteo, con Tito, con cualquiera de ellos, bajo su autoridad, y fundar la iglesia en Corinto, entonces son ellos los que deben poner las cosas en orden allí, son ellos los que deben nombrar a los ancianos, y auditar las situaciones; no le corresponde a los que fundaron la iglesia en Jerusalén, pero no la de Corinto; a Pablo no le corresponde hacer eso en Jerusalén, pero le corresponde hacerlo en Corinto. Y dice Pablo que él procuró no gloriarse desmedidamente en los trabajos ajenos; porque es muy fácil, cuando un árbol está plantado, sentarse a su sombra y comer de su fruto; lo que es difícil es plantar el árbol cuando no hay árbol, y regarlo, y cuidarlo hasta que esté grande, para que puedan venir las aves y hacer sus nidos allí. Por eso Pablo prefería anunciar a Cristo donde no hubiera sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno. Pero otros pretendían dizque predicar a Cristo, pero para sembrar animadversión contra Pablo, y apartar a los hermanos de él, para que éstos les sirvan a ellos, gloriándose en trabajos ajenos. La Palabra de Dios nos enseña cual es la ética ministerial del Espíritu Santo.
Sígueme tú.-
Entonces, todo esto quiere decir que existen en la Palabra de Dios ciertos cuidados y delicadezas del Espíritu Santo que debemos guardar. Pero al mismo tiempo, no debemos poner murallas demasiado altas como si fuésemos un corpúsculo independiente; eso sería un exceso por un lado; la obra del Señor, y la obra de cada uno, está vinculada con la obra de los demás; y tenemos que admitir con sabiduría, generosidad y prudencia a los demás, y tenemos que aprender a vivir dentro de las medidas; y al mismo tiempo, tienes que mantener tu identidad de función; tú no eres todo, eres solo una parte; y como otros son otros y funcionan distinto, ellos no tienen las mismas cargas que tú tienes; a ellos no les importan ciertas cosas, y quizá sientan menosprecio por lo que a ti te fue encomendado; entonces ahora tú no puedes decir: ya que a los otros no les gusta esto que yo hago, no lo voy a hacer más. No, sino que tú tienes que hacer lo que a ti corresponde, aunque otro no lo haga; a ti te tocó hacer esto; puede ser que el otro diga: yo no lo haría así, sino que yo lo haría asá. Bueno, es que tú eres otro miembro; haz lo tuyo en tu jurisdicción como mejor lo sepas hacer. Que cada uno trabaje libremente, pero no pretendamos cuadricular a los demás.
Tácticas infiltradoras y destructivas de Satanás.-
Vamos a ver un ejemplo en el libro de Nehemías, donde tenemos un precioso ejemplo de cómo Satanás es astuto para estorbar la obra del Señor. Ustedes recuerdan lo que dice el Libro de Nehemías después del trabajo de Sanbalat y de Tobías y Gesem; dice que paralizaron la obra, la estorbaron. En el capítulo 6, la Sociedad Bíblica puso este título: “Maquinaciones de los adversarios”; oh! Tenemos un adversario que es Satanás, con sus demonios, que tienen sus maquinaciones; y esas maquinaciones de él las infiltra en corazones de personas, a veces desapercibidas, y las maquinaciones de Satanás pasan a ser maquinaciones de seres humanos, que tienen en su corazón alguna animadversión; y Satanás usa esa animadversión para provocar problemas y estorbar la obra. Entonces es necesario tener mucho cuidado con las maquinaciones de Satanás. Dice el capítulo 6: “Cuando oyeron Sanbalat y Tobías y Gesem el árabe (que es llamado también Gasmú, porque está en árabe y en hebreo) y los demás de nuestros enemigos, que yo había edificado el muro, y que no quedaba en él portillo (aunque hasta aquel tiempo no había puesto las hojas en las puertas)…”; todavía no estaba todo bien hechecito, pero ya se estaba haciendo el muro para hacer separación entre lo santo y lo profano; ah! noten aquí la maquinaria “ecuménica”; noten aquí como Satanás utiliza aquí esa animadversión, esa rabiecita, esa cosita, para venir a crear un ambiente desanimador.
Verso 2: “Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en alguna de las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensando hacerme mal”. O sea, lo que había en sus corazones era animadversión, pero por fuera parecía unidad, reunámonos, hagamos las cosas juntos; pero ellos querían estar allí para ejercer una presión no nacida del Espíritu, no nacida de la comisión divina, sino nacida de sus intereses particulares, de su animadversión. “Reunámonos, reunámonos”. Hermanos, como les decía, Pablo dice en Filipenses: Algunos predican a Cristo sinceramente; pero hay personas, dice Pablo, que predican a Cristo no sinceramente, sino por contienda y pensando añadir aflicción a mis prisiones. Ellos le tenían “cosita” a Pablo; entonces anunciaban a Cristo, eso era lo bonito, eso era el caramelo por fuera, ah! es Cristo, no Pablo, es Cristo, no Pablo, decían; pero la obra de Cristo la estaba haciendo Cristo por Pablo; en cambio ellos se cobijaban bajo el nombre de Cristo para hacer su propia obra contra Pablo; eran las maquinaciones de su propio corazón; todas estas suceden, y las utiliza Satanás para estorbar la obra de Dios.
Debidas distancias.-
Sigue diciendo Nehemías acá: “Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros”. Nehemías no cayó en la trampa de la homogenización, donde aquellos querían controlar, imponer su opinión y manejar las cosas, siendo que se le había encomendado a él específicamente hacer esto. Pero recordemos también lo que le pasó a aquel profeta joven que Dios le dio una comisión, pero por allá le llegó un profeta viejo y le dijo: Yo también soy profeta de Dios como tú; además soy más viejo y tengo más experiencia; ¿cómo es que no vas a comer y a beber aquí conmigo? ven, comamos y sentémonos aquí. Y el pobre profeta joven se dejó homogenizar, dejó enajenar su obra encomendada a él por Dios, y desobedeció la comisión directa que él recibió; la comisión era para que fuera, hablara, y se volviera sin comer ni beber nada de ese lugar, porque esa sería la manera de decir: no participo con vosotros en vuestro pecado, os anuncio el juicio. Pero el otro profeta viejo, astuto, “canchero”, diplomático, político, le hizo desviar de su comisión a ese profeta joven, y el profeta joven desobedeció a Dios, y se sentó a comer, y descuidó su comisión, y murió. ¿Por qué murió? porque desobedeció; ya Dios no podía más contar con El. Cuando tú tienes una comisión que es de Dios, primero tienes que saber ser de Dios, y también el cuerpo debe examinar, pero en Espíritu, porque a veces hay supuestas “democracias”, llamadas mejor “carnocracias”, que crean ciertas presiones sociales sobre los hermanos para manipularlos, para controlarlos. El Espíritu Santo nunca hace eso; el Espíritu Santo siempre es respetuoso con cada persona; no trata de manipular, ni controlar. Cuando se quiere crear un ambiente coercitivo y “policiaco”, entonces no veremos el ambiente espiritual apostólico de Pedro, Jacobo y Juan, sino el conspirativo y envidioso de Sanbalat, Tobías y Gesem el árabe, “apóstoles” de otro, “apóstoles” de las maquinaciones del adversario, ¿se dan cuenta?. ¿Cómo reaccionó Nehemías? Yo hago una gran obra, yo tengo que hacer lo que me ha sido encomendado, no pretendo que lo mío sea lo único, pero haré mi parte lo mejor que puedo, y tengo que honrar mi ministerio, como dijo Pablo; no voy a permitir que sea deshonrado, porque no se trata solo de mí, sino de la obra de mi Señor. Lo de Nehemías y Pablo, Moisés y Samuel, no era solo un asunto meramente humano de ellos, sino que era algo del Señor.
Ahora, cuando estamos en el cuerpo, tenemos que aprender a respetar el ministerio de los otros, y aprender a saber llevar a la coordinación, sin necesidad de la homogenización, y sin necesidad del aislamiento; no está bien el aislamiento, pero tampoco está bien que nosotros dejemos enajenar la obra del Señor por una presión que no nació del Espíritu, y que contradice la comisión. El libro de Nehemías sigue diciendo en el verso 4: “Y enviaron a mí con el mismo asunto hasta cuatro veces”; noten, ellos querían meterse en lo que otros estaban edificando, pero no para colaborar, sino para estorbar; no se daban cuenta de que su criterio estaba influido por Satanás; así lo suele hacer. Hay una gran diferencia, que se puede notar, cuando alguien está en un espíritu de colaboración, o cuando va a ser usado por Satanás para estorbar. ¿Verdad que se puede notar?
Sigue diciendo el verso 5: “Entonces…”; ah! ellos insistían e insistían; pero entonces ahora ya empezaron a mostrar las garras; primero Sanbalat era muy diplomático, “reunámonos”; pero ¿qué era lo que habría en el corazón de esa reunión? ¿De dónde habría nacido esa reunión? Hermanos, no piensen que hay que reunirse siempre. A veces hay personas que organizan reuniones con la intención de estorbar a otros; para eso algunos hacen reuniones, para estorbar a los siervos de Dios en su trabajo; no piensen que eso no sucede; sucede muchas veces. Dice aquí: “Entonces Sanbalat envió a mí su criado para decir lo mismo por quinta vez, con una carta abierta en su mano”; ahora empieza la presión más dura, ahora empiezan las acusaciones: te quieres engrandecer, quieren hacerse ustedes los más grandes, como le dijeron Coré, Natán y Abiram a Moisés y a Aarón; lo mismo le dijeron aquí a Nehemías: “Se ha oído entre las naciones, y Gasmú (que es el mismo Gesem, sólo que uno es en árabe y otro en hebreo) lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros”; empiezan a acusarlos de rebelión; a quien no se somete a la maquinaria de la presión eclesiastoide, se le trata de rebelde; personas que tienen comisión de Dios a veces son tratados de rebeldes, porque los quieren manipular y ellos no se dejan, como dijo Pablo: no cedimos a los que diciéndose hermanos, entraron encubiertamente para estorbar la libertad que tenemos en Cristo, a los cuales ni por un minuto cedimos, para que la verdad de Dios permaneciese con vosotros. Pablo vivía y hablaba del cuerpo de Cristo, pero él no era tonto; él discernía el espíritu que se movía en la política eclesiástica. Sigue el libro de Nehemías: “dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, (las medidas, las reglas de Dios), con la mira (o sea, esas son tus intenciones) según estas palabras, de ser tú su rey (te quieres hacer el rey), y que has puesto profetas que proclamen acerca de ti en Jerusalén, diciendo: ¡Hay rey en Judá! Y ahora serán oídas del rey las tales palabras; ven, por tanto, y consultemos juntos”. ¡Cómo quieren meterse en lo que no les corresponde!; eso es lo que se llama “impertinencia”, meter las narices donde no se debe; y lo que es peor, con malas intenciones.
Verso 8: “Entonces envié yo a decirle: No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas. Porque todos ellos nos amedrentaban, diciendo: Se debilitarán las manos de ellos en la obra, y no será terminada (eso era lo que ellos querían, o sea, Satanás, pero a veces él usa corazones humanos) Ahora, pues, oh Dios, fortalece tú mis manos.” Ay, después vino la presión por medio de falsas profecías; ahora le llegaron con falsas profecías: “Vine luego a casa de Semaías hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, porque él estaba encerrado; el cual me dijo: Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo (como quien dice: oremos juntos) y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí, esta noche vendrán a matarte. Entonces dije: ¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Y quién, que fuera como yo, entraría al templo para salvarse la vida? No entraré. Y entendí que Dios no lo había enviado, (noten: una cosa que parecía buena, orar juntos) sino que hablaba aquella profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat lo habían sobornado”. Incluso hay personas que no se dan cuenta de que fueron sobornadas, porque los sobornadores son tan sutiles, que destilan frasecitas como las de Absalón, para poner en contra al pueblo contra David. Aquella persona actuó manipulada.
Hermanos, en la edificación de la casa de Dios, todos juntos hacemos una sola obra; esa sola obra general tiene muchas partes; cada uno tiene su parte, y cada uno tiene que hacer su parte con rectitud ante Dios, defender lo que le fue dado y hacerlo, no dejarse enajenar, ni intimidar, ni manipular, ni amedrentar, ni estorbar; más bien haga lo mejor que pueda. Como dijo el Señor: trabajad entre tanto que es de día, porque viene la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras haya tiempo de hacer las cosas, hágalas, antes que se levanten contra ti para estorbar tu trabajo. Si Dios te dio algo que hacer, hazlo con diligencia, haz lo mejor que puedas, no hagas lo del profeta nuevo que se dejó engañar del viejo; pero al mismo tiempo acuérdate de que tu parte es sólo una parte del cuerpo, que tienes que complementarte con otros verdaderos de corazón limpio, que no importan las diferencias exteriores sino la identidad de espíritu; tenemos que convivir con los que de corazón limpio invocan al Señor, no aislarnos, sino estar con los demás hermanos genuinos para edificar el cuerpo; si eres páncreas, sé un buen páncreas, pero no trates de ser hígado-páncreas; deja al hígado ser hígado, y no trates de hacer al páncreas, hígado; y trabajen juntos en armonía, cada uno dentro de sus límites, dentro del reconocimiento mutuo, como Dios hizo que Pablo reconociera a Jacobo, Cefas y Juan, y también Dios hizo que Jacobo, Cefas y Juan reconocieran la gracia que le había sido dada a Pablo. Y al haber un reconocimiento mutuo debe haber decoro, decencia, cuidado, responsabilidad, sin irnos más allá, ni quedarnos más acá, ni en el extremo del aislamiento, ni en el extremo de la homogenización, de la manipulación, porque Satanás siempre intentará robar, matar y destruir; y con esto estoy terminando, aunque el Espíritu no me deja aún terminar, pues tengo que decir algo más: Satanás siempre quiere robar la obra de los que hacen el trabajo en el Espíritu. El Señor trabaja en y con los hermanos, y comienzan a evangelizar, se empiezan a reunir, se empiezan a multiplicar; entonces llega un “presidente de una misión”, con su personería jurídica, ah!, saquemos a éste, planean, y pongamos al pastor de nuestro Instituto; pero ese “pastor” importado, que no nació allí, lo que hace es dañar lo que otro, el usado por Dios, había hecho; y al verdadero siervo de Dios le dan el codazo, y lo apartan, y entonces éstos arribistas vienen a cobijarse en el árbol ajeno, y a hacer estorbo; ¿se dan cuenta mis hermanos? Satanás siempre obra así, a través del aparato, a través del carro de bueyes, a través de una organización humana, motivada erradamente, con origen que no es celestial, metiendo la mano, “reunámonos”, “consultemos juntos”, hasta “oremos juntos”, pero con tal de que usted no siga obedeciendo a Dios, sino a otro criterio; ¿se dan cuenta hermanos? En muchas obras de personas que comenzaron con Dios, después los hermanos cometen el error de entregar el trabajo que les fue encomendado, a X o Y denominación o grupo, o a tal “pastor”, o a tal organización, para que se haga cargo; pero éstos lo que hacen es desbaratar lo que Dios había hecho. Dios les había encomendado a unos ese trabajo, y les abrió la puerta a ellos, los usó a ellos, y por tanto son ellos quienes deben guardar esa obra, ponerle muros, ser porteros, y guardarla para el gobierno de Cristo, del Espíritu y de la Palabra, y no entregar irresponsablemente lo que les fue encomendado, en otras manos que tengan otros intereses.
En la política eclesiástica hay mucha gente que vive del modus vivendi eclesiástico. Es necesario tener cuidado con eso. Siempre aparecerán personas con piel de oveja diciendo: Hermano, veo que ustedes tienen muchos grupitos por las casas, yo estudié en el seminario tal, y he sido pastor en tal denominación, ¿por qué no me da uno de esos grupitos? Qué fácil, ¿verdad? ¿Por qué no empiezan ellos mismos a reunir personas en su propia casa para evangelizar y edificar? No les estoy diciendo cosas que no suceden, sino cosas que suceden muy a menudo en la cristiandad, por causa de que los hermanos no tienen claras estas cosas: la obra de Dios, la obra del ministerio y la obra de cada uno. Cada uno debe ser fiel al hacer su obra; no de manera aislada; no debemos pretender ser los únicos, sino estar en concordancia con los que de corazón limpio invocan al Señor, en un buen espíritu. Cuando veas otro espíritu, así como éste que promocionaron Sanbalat, Tobías y Gesem, guarda distancia, porque la Palabra del Señor dice: en vano se tenderá la trampa a los ojos del ave; y también dice la Escritura: huye como gacela del que arma lazos. Armar lazos implica aquellas presiones viles para enajenar tu obra. Entonces haz lo que tienes que hacer, pero como no eres solo, hazlo en la verdadera comunión del cuerpo, pero asegúrate de que sea la verdadera, asegúrate de que es algo del Espíritu, algo que el Espíritu organizó. El Espíritu colocó a personas diferentes juntas para complementarse, para amarse, para reconocerse mutuamente, para trabajar juntos; pero no para rivalizar, ni para estorbar, ni para enajenar, manipular, controlar; el control lo debe tener siempre el Espíritu Santo, porque es Él quien reparte a cada uno como Él quiere.
Disposiciones soberanas de Dios.-
Dios no reparte como a ti te parece. A veces nosotros alargamos con ligereza y atrevimiento nuestra mano, y queremos ser nosotros los que repartimos como a nosotros nos parece; y decimos: vamos a bajarle a éste, y vamos a subirle a aquel, como si fuéramos el Espíritu Santo. ¿Qué tal que los apóstoles hubieran dicho: “¿Cómo es posible que Pablo aparezca tanto en Hechos de los Apóstoles? Pero Tomás casi no aparece; vamos a cambiar el libro de los Hechos, rebajémosle páginas a Pablo, y démoselas a Tomás y a otros que no aparecieron tampoco. Pongamos un capítulo para Pedro, uno para Jacobo, otro para Andrés, y así sucesivamente; así seremos mejores”. Pero, amados hermanos, no fue eso lo que el Señor inspiró. Más bien dijo el Señor: quitadle a aquel la mina, y dádsela al que tiene diez, pues al que tiene le será dado, mas al que no tiene, aún lo que tuviere le será quitado.
Cuando yo era joven, oía a los Beatles; y cduando iba a mirar la autoría de las canciones, veía: esta de Lennon- McArtney, esta de Lennon-McArtney, casi siempre; ah! esta por fin es de Harrison; pero continuaba Lennon-McArtney, Lennon-McArtney, casi siempre; por ahí, cada tercer disco, o más, una de Ringo; pero, ah!, yo con mi justicia propia quería que fuera una de Ringo, otra Lennon, otra de Harrison, otra de McArtney, todos igualados con mi rasero; pero no es como nosotros queremos. Hermanos, tengan cuidado para no meter las manos para manipular la Iglesia del Dios Vivo como a usted le gustaría o como a otros le gustaría y lo utilizan a usted para presionar. Dios reparte como El quiere; además, no somos nadie para juzgar la obra de otro. ¿Qué a mí? Debo hacer lo mejor que puedo, y debo tener la mejor relación que pued con los otros hermanos, en cuanto de mi dependa; pero no debo permitir que lo que recibí del Señor, y tengo que hacer, sea enajenado. Sin aislarme del cuerpo, sino con el Espíritu, en comunión, con prudencia, sabiendo hasta donde se puede llegar, etc. etc. Yo confío en que el Espíritu Santo confirmará lo que sea de Él; y lo que sea meramente mío, ojalá también se los muestre Dios, para que se libren de lo meramente mío, y se queden con lo que es del Señor. Gracias hermanos.
Gino Iafrancesco V., 2/IX/2007, Bogotá, Colombia.
Transcripción de: Marlene Alzamora, revisada por el autor.